martes, 21 de abril de 2009

Las gafas

Tengo gafas para ver verdades. Como no tengo costumbre no las uso nunca.
Sólo una vez...

Mi mujer dormía a mi lado.

Puestas las gafas, la miré.

La calavera del esqueleto que yacía debajo de las sabanas roncaba a mi lado, junto a mí.

El hueso redondo sobre la almohada tenía los cabellos de mi mujer, con los rulos de mi mujer.

Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de platino de mi mujer.

Acaricié los cabellos y palpé el hueso procurando no entrar en las cuencas de los ojos: no cabía duda, aquello era mi mujer.

Dejé las gafas, me levanté, y estuve paseando hasta que el sueño me rindió y me volvió a la cama.

Desde entonces, pienso mucho en las cosas de la vida y de la muerte.

Amo a mi mujer, pero si fuera más joven me metería a monje.




-Matías García Megías-

2 comentarios:

ScrinS dijo...

Esas gafas deberían prohibirlas Dante jajaja.
Lo de pensar más sobre la vida y la muerte es cierto, aunque yo confieso que pienso cada vez más en las de la vida. Lo del convento es un exagerado su mujer yo la veo guapísima :0).
Gracias por tu blog. Un abrazo

Dante dijo...

Hay cosas que es mejor no saberlas o verlas, sólo sugerirlas en nuestra imaginación, desgraciadamente.
Pensar en la muerte es inevitable y necesario, aunque no hacer de ello un yugo para continuar viviendo. Es muy sano ocuparse de estar vivo y no preocuparse de estar muerto, XD.
¡Un abrazo muy grande!