Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Gómez de la Serna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Gómez de la Serna. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de julio de 2009

Peor que el infierno

¡Oh, la crueldad incomprensible, inadmisible! Le sentenció Dios a muchos miles de siglos de purgatorio porque si los hombres al que no matan, al que absuelven de la última pena lo sentencian casi a lo mismo con sus treinta años, Dios, al que perdona del Infierno, le condena, a veces, a toda la eternidad menos un día, y aunque ese día mata por completo toda la eternidad, ¡cuán vieja y cuan postrada no estará el alma el día en que cumpla la condena! Estará idiota como el alma de la ramera Elisa, de Goncourt, cuando sale del presidio silencioso.

"¡Cuántas hojas de almanaque, cuántos lunes, cuántos domingos, cuántos primeros de año esperando un primero de año separado por tantísimos años!", pensaba el sentenciado, y no pudiendo resistir aquello, le pidió al Dios tan abusivamente cruel, que le desterrase al infierno definitivamente, porque allí no hay ninguna impaciencia.

"¡Matadme la esperanza! ¡Matad a esa esperanza que piensa en la fecha final, en la fecha inmensamente lejana!", gritaba aquel hombre que por fin fue enviado al Infierno, donde se le alivió la desesperación.




-Ramón Gómez de la Serna-

sábado, 4 de abril de 2009

Aquella muerta

Aquella muerta me dijo:
-¿No me conoces?... Pues me debías conocer... Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.





-Ramón Gómez de la Serna, del libro Caprichos-

viernes, 18 de julio de 2008

El diccionario de lo que no existe

Lo que se edita con más agobio y constancia son los diccionarios.
Encontrar materia para un nuevo diccionario es como meter el caño en un yacimiento de petróleo y ver surgir la riqueza.
Pero el diccionario que se echa de menos, el que podría ser una lección maravillosa, en vez de una redundancia de recopilaciones, es el diccionario de lo que no existe.
Da pena –sin dejar de admirarlo-, el abrir un diccionario para encontrarse con lo que está repetido en todos los diccionarios y que fue tan difícil de recopilar. Sin embargo, tenemos que discutir en los diccionarios su excesiva conformidad con lo real.
El diccionario de lo que no existe merecería la pena de hojearse, metiéndose en su intrincado bosque y encontrando lo que no está en los otros y lo que no es cosa triste en los escaparates callejeros de la vida.
El diccionario de lo que no existe revocaría la idea de amor y lo pondría en su banco de azar, dueño de sus elecciones y abnegado de efemeridad.
En ese diccionario habría las islas que no se sabe donde están, pero que producen esponjas con ojos, es decir, esponjas que, en vez de tener vacías sus cuencas, tendrían ojos en todas ellas y, al apretarlas, en vez de aguas para baños de niños, chorrearían lágrimas verdaderas.
En tal diccionario estarían las biografías de los que pudieron existir y la sintomatología de las enfermedades que aún no están en la medicina.

-Ramón Gómez de la Serna, del libro Los muertos y las muertas-